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Regresando

Ya han pasado las vacaciones y creo que las he aprovechado razonablemente bien.
Una vez más me he alejado de todo para adquirir nuevas perspectivas. Aún así, la conclusión no puede dejar de ser la misma, todo sigue siendo relativo, todo cambia y todo permanece.

He descubierto amor donde creí que no existía y también he abierto los ojos a realidades que no quería admitir. Me he dejado llevar hasta donde mi instinto ha querido llevarme y me he sentido cómoda. He aceptado que la realidad es como es y no cómo quiero que sea y lo he hecho sin temor. Creo que he abierto una nueva puerta y desde el umbral, el camino que veo no puede ser más hermoso.

Ah, y me he comprado un móvil chulísimo :)

Hush

 

No se puede ayudar a quien no se ayuda a sí mismo y aún así, la ayuda que podemos ofrecer estará limitada por nuestra propia capacidad.Entonces podemos elegir entre sentirnos permanentemente melancólicos por no poder aliviar el sufrimiento de los demás, o asumir la realidad y mirar para otro lado.
Limitarnos a aquello que podamos controlar, a lo que no nos haga a la vez daño a nosotros mismos.
Alejarnos lo suficiente para no caer arrastrados y ser nosotros entonces los que necesitemos ayuda.
Hay quien puede entender la lejanía como indiferencia, aunque no sea así. Dependerá de lo mucho que realmente se entienda a quien prefiere mantenerse al margen.

¿Soñaré?

La fiebre me agrieta los labios, me abrasa los ojos. Trato de no pensar en las horas muertas que paso tumbada en la cama sin poder moverme. Me invento una vida diferente y entre las llamas de la desesperación Morfeo me tiende la mano.Hace mucho calor, tengo que coger el autobús para llegar a casa.
El asfalto arde, las ventanas de los edificios reflejan la hiriente luz del sol. El aire es tan caliente que duele al pasar por la garganta, estos tacones me están matando.
Mi socio no deja de hablar de lo impresionados que han quedado con nosotros.
Está seguro de que firmarán el contrato. Yo también, cómo no iban a hacerlo, somos su mejor opción y ellos la nuestra. Con este acuerdo tenemos asegurada la financiación durante los próximos diez años y los contactos que nos genere nos harán crecer y afianzar la compañía definitivamente.
Pero eso ahora realmente no me importa, estoy cansada, estoy tan cansada.

Este año cumpliré los cuarenta y he dedicado tanto tiempo a mi trabajo que a veces pienso que echo en falta algo más. No tengo pareja, la última que tuve que me importó algo fue un amor de verano que conocí cuando acabé el colegio. Duramos casi cinco años, hasta que acabé la carrera y me fui a estudiar un Master a Estados Unidos. No le pedí que me esperara y él no dijo que lo haría.
Desde entonces no he tenido ninguna relación importante y tampoco he pensado en tener hijos. A veces pienso en qué hubiera ocurrido si hubiera seguido con él.

Subimos al autobús, son sólo unos minutos hasta llegar a casa, pero no puedo más. Mi socio quiere celebrarlo por todo lo alto, Tokio o Nairobi, o tal vez una fiesta intima en una chocita en Bali, como otras veces. He aprendido a soportarle porque sencillamente no hay otro mejor que él en este negocio, pero a veces me gustaría decirle lo mucho que valoro el silencio, porque no para de hablar y hablar.
Estoy tan cansada que me gustaría poder dormir, aunque fuera un minuto.
Su discurso sobre las inversiones que haremos y las posibles alianzas comienza a transformarse en un lejano murmullo, apoyo la cabeza en el cristal y veo caminar a la gente por la acera, abrasándose bajo este sol que parece odiarnos cada dia más. Sólo una parada y llegaré a casa.

Recuerdo cómo era la casa de mis padres, lo mucho que me gustaba jugar en el jardín, lo mucho que me gustaba tumbarme en la hierba y dejar pasar los días sin ninguna preocupación.
Cómo hubiera sido mi vida si no me hubiera marchado y hubiera seguido con aquel chaval, qué estará haciendo ahora. Tal vez nos habríamos casado y habríamos comprado una casa cerca de la de mis padres, con un enorme jardín. Tal vez tendríamos perros y por qué no, tal vez habríamos tenido hijos, una niña por ejemplo, con unos enormes y brillantes ojos azules, como los de mi abuela y mi padre, como los míos.
Estoy tan cansada que no puedo mantener los párpados abiertos. Sólo los cerraré un minuto, sólo para imaginar cómo hubiera sido mi vida contigo, sólo soñaré, sólo la oscuridad y el silencio.

Abro los ojos y sigo en la cama.
Qué sueño tan extraño.

El arte de la guerra

En “El arte de la guerra” de Sun-Tzu, un general chino que vivió en el siglo V a.c., se dan las líneas maestras que dibujan la forma de conseguir el mayor éxito en la empresa de la guerra.Sin embargo, la forma en que están escritas, la filosofía que dejan entrever, la disciplina, la estrategia, hace que puedan aplicarse a muchos aspectos de la vida, o incluso a la vida misma.

Podemos abstraer el concepto de la guerra y sustituirlo por la condición que se nos presenta como obstáculo o como objetivo y conseguir la inspiración suficiente que nos permita dar el paso siguiente, o no darlo, y salvar así ese obstáculo, conseguir lo que deseamos o al menos saber por qué no lo hemos conseguido, qué ha fallado y por qué.

Cuando el enemigo al que quieres vencer es el miedo, debes tener en cuenta que uno de los factores que más van a influir en el campo de batalla eres tú mismo.
En mi caso, he seguido uno de los consejos de Sun-Tzu: Si tu enemigo es demasiado poderoso, evítalo.
Mientras tanto voy reorganizando mis tropas, valoro las debilidades de mi enemigo, lo que le alimenta y le destruye. Le tanteo, le vigilo, incluso a veces, le engaño.

Aún no sé como ganar esta guerra, pero al menos sé a quien tengo que vencer.

El anillo de Cigé

Estupendo macro-puente el que he pasado en El anillo de Cigé.
Han sido momentos tan perfectos que empiezo a pensar si han sido reales, porque en el recuerdo están adquiriendo la luminosidad de los sueños de felicidad plena.

Durante este tiempo he pensado en aquellas cosas que callo, más que en aquellas que digo.
En qué extraño es el equilibrio que consiguen algunas emociones e ideas que hacen que no las olvide, ni tampoco las tenga en cuenta. Cómo sería enfrentarme a las situaciones que me hieren, cómo sería ir en busca de aquello que quiero.

He construido un limbo en el que habita todo lo que nunca me atreví a expresar. Los rencores que preferí olvidar, los deseos que no quise satisfacer. Dibujan una imagen bastante grotesca, unos al lado de los otros, codeándose ya como viejos amigos.

Allí está la frase sarcástica que callé, las palabras de amor que no tuve el valor de decir, el miedo a perderte, la llamada de teléfono que no fui capaz de hacer, la mirada que escondí, el abrazo que me reservé y el daño que no quise hacer, justo al lado del que no pude evitar que me hiriera.

Cuando paso tiempo en El anillo de Cigé todo se relativiza, pero nunca hasta el extremo de perder su importancia y desaparecer. Ya me gustaría.

No hay cuchara

Hacía mucho que no veía Matrix. Es un placer comprobar como convierte en creíble sentir que la vida que vivimos no es la realidad, sentir que es un sueño o tal vez, una pesadilla.Recuerdo el impacto que me produjo Matrix la primera vez que la vi.
Da por hecho sensaciones que todos tenemos, pero que nadie reconoce por miedo a que le señalen con el dedo, ese dedo que inevitablemente suele pertenecer a algún vaina sin otra cosa mejor que hacer que ir señalando a los que no viven con el miedo que a él le aplasta.

Creo que no hay libertad más grande que la de saber que no hay límite alguno para la imaginación, todo es posible mientras lo deseamos y mientras lo soñamos.
Cual es el límite entre la imaginación y la realidad.
Cómo es la realidad que vivimos. ¿Es como la percibimos?, pero ya sabemos que cada uno la percibe de forma diferente, así que ¿como es mi realidad?.
Tengo mi propio Matrix y lo cierto es que está muy pulido, me gusta.
A veces invito a alguien a dar una vuelta y también le gusta, así que creo que objetivamente es un lugar agradable.

Lo que ya se me escapa es por qué pierdo el tiempo en bucles que sé que no conducen a ninguna parte, por qué sigo pensando en ti, por qué no cierro de una vez esa puerta que nunca más vas a abrir.

Qué necesidad estoy cubriendo con tu recuerdo, qué es lo que me falta si sé que no me falta nada.

Borrasca

Me he pasado miles de horas enfrente del televisor.
Desde pequeña ha sido mi compañero en las grandes esperas, esas en las que no hay esperanza.Cuando llegaba del cole pensando que no tenía sentido el día que había vivido y que el de mañana sería igual.
Cuando llegaba de una noche de marcha pensando que no tenía sentido fingir la diversión y sabía que todas las noches serían iguales.
Cuando me levantaba por la mañana y a rastras me dejaba caer en el sofá, pensando que la mañana siguiente sería exactamente igual.

Cuantas horas he quemado mirando a la gente hablar, reir, llorar, fingir, contar historias que llenaban la mia, de alguna manera.

Cuantas historias son como la mia.

Recordar

Qué triste tiene que ser nuestra vida para que la belleza pase inadvertida.Estamos inmersos en huracanes de sensaciones que nos impiden discriminar el bien del mal, la bondad de la maldad, la libertad de la rutina, la belleza del horror.
Estamos ciegos, sordos, no sentimos calor ni frio, nos dejamos conducir por costumbres que nos aturden y nos alienan.

Olvidamos las caricias, los mejores momentos, el placer de la música, del arte, de la charla sin objeto, de estrecharnos las manos como prueba de amistad, de abrazarnos para sentirnos más allá de lo racional.
Cuanto de artista hay en cada uno de nosotros, cuantas personas se entregan a los demás y cuantas se encierran en sí mismas, sin quererlo. Cómo somos, cómo sentimos.

Hace días leí en El escondite de Iván un post que me estremeció.
La pregunta era directa:”¿Somos lo que somos o lo que sentimos que somos?”
Pinché en el enlace y vi el video.
Una chiquilla de unos quince o dieciséis años se está mirando al espejo.
Su imagen real es un esqueleto con algo de piel. Es tan terrible mirarla que no se puede mantener la vista mucho tiempo sobre ella.
Sin duda es una imagen mucho más bella su reflejo en el espejo.

Y sin embargo, la persona que se mira en el espejo sería como la música que nace del Stradivarius de Joshua Bell en el metro de NY, una obra de arte que nadie escucha, que queda ahogada en un mar de ruido, de rutina, de sopor, de horror.
Una interpretación única y magnífica sin auditorio, sin respuesta, sin ánimo ni apoyo.
Nadie puede apreciarla.
Sólo sabemos que cuando se mira al espejo ve un monstruo y creo que seguramente es, ni más ni menos, que la imagen de sí misma que ve reflejada en los ojos de los demás, su indiferencia, su insensibilidad, su incapacidad de demostrar amor.

Creo que somos como los demás nos sienten.

No puedo evitar que los demás me sientan como quieran, pero entonces, tengo el absoluto control de sentir a los demás como yo quiero.

El mar

Cuando te conocí estabas sentado en el suelo de la terraza de la casa, mirando al mar.
Tenía que hacer un recado cerca de allí y al pasar te vi y me detuve, esperando algún gesto, algún movimiento que indicara que estabas de paso o que esperabas a alguien.No parecía que fueras a moverte, así que me oculté detrás de una columna, junto a la curiosidad de saber qué hacías allí.
Pasó el tiempo y nadie llegaba, tampoco te movías, no hacías pasatiempos, ni leías un libro, ni escuchabas música, sólo estabas mirando al mar.

Al cabo de un rato me senté, pensando en lo ridículo que sería que alguien me viera allí sentada, oculta tras la columna, observándote.

De vez en cuando girabas un poco la cabeza, para poder contemplar el horizonte en su totalidad, pero no hacías ningún gesto más, no mirabas el reloj, no mirabas el camino que llegaba hasta la casa, como si alguien tuviera que llegar por él, nada hacía pensar que estabas impaciente, que esperabas algo, sólo mirabas al mar.

Me pareció que alguien se acercaba y me levanté, te miré y no te habías movido. Salí de mi escondite, me apoyé en la columna y empecé a observarte abiertamente.
Después empecé a mirar al mar.
Se escuchaba a las gaviotas sobrevolar el acantilado y a las olas romper contra él, una y otra vez.
El viento agitaba las copas de los árboles que rodeaban la casa.

Estuvimos así varios minutos, nadie llegó, nada ocurrió y sin más, te levantaste y entraste en la casa.

Fue en ese momento cuando me di cuenta que me había enamorado de ti y que sería para siempre.
Desde ese momento quise saber a donde irías el resto de tu vida, quise saber qué sentías a cada instante, quise compartir contigo todos los momentos que me quedaran por vivir y que lo hiciéramos como ese día, sin mirarnos el uno al otro, sino los dos juntos, mirando al mar.

El silencio

Con este serán 134 post en el blog. Y los que no he publicado.
Desde donde sea que me encuentro echo de menos la compañía de alguien que me comprenda. No que desee comprenderme, ni que me quiera, sólo necesito a alguien que me comprenda.
Ya ha pasado el tiempo suficiente para darme cuenta que eso no va a ocurrir, pero eso no hace que deje de necesitarlo.
Creí que lo había encontrado y me equivoqué. Podría seguir buscando, pero es que ya no confío, o seguramente, ya sé que esa persona no existe.
Donde coloco entonces mis sueños, qué espero de la vida ahora que tengo la seguridad de que este camino se va acortando en soledad.La Reina inunda con una marea de amor ese espacio al que nadie más puede acceder y lo hace sin darse cuenta si quiera, pero sé que llegará un día en que tampoco ella podrá llenarlo.

Te miro y ha sido tanto el amor que he sentido por ti, que podría seguirte amando una eternidad, sin conseguir volver a amarte de nuevo.

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