Archivar paraSeptiembre, 2007

Premios Blog solidario

Resulta que los amigos de Gangs of the Blog me han premiado en este post como Blog solidario y además de hacerme muy feliz y aceptar el premio, ahora debo seguir con la cadena, que consiste en premiar a aquellos blogs que destaquen por su solidaridad con los demás.

Las condiciones para otorgar el premio Blog solidario son:
1.- Escribir un post mostrando la imagen del premio, citando el nombre del blog que te lo otorga y enlazando el post en el que se te ha entregado.
2.- Elegir un mínimo de siete blogs que en tu opinión hayan destacado alguna vez por ayudar, apoyar o compartir con los demás. Enlazarlos en el post y avisarles del premio.

Así que como ya he cumplido con la primera de las condiciones, voy a por la segunda.

He elegido de entre tantos blogs que leo a menudo, a aquellos que comparten su vida de forma positiva y agradable.
No es que los demás no lo hagan, pero con ellos sé que siempre puedo leer en sus palabras las ideas y emociones que me hacen sentir mejor.

Por orden alfabético:

Culo de hierro bebe Guolf
El más puro y nitido color del sol, un viaje sin escalas… y sin nave.

El escondite de Iván
El color de la oscura profundidad del océano, formado por millones de metros cúbicos de agua completamente transparente.

Gaiar
El color del cielo de los sueños de absoluta paz, sólo el infinito azul.

Gangs of the Blog
El color del hogar que aguarda acogedor después de un largo viaje.

Javier Luján
El color de una inmensa y cálida playa de fina arena.

Melancolía anónima
El color de las flores que cubren el pruno, en la temprana primavera.

Punto de vista
El color de la nieve recién caída, pura y vital.

Re(paso) de lengua
El color rojo de la pasión y el entusiasmo.

Y sin embargo se mueve…
El color de una extensa pradera, que invita a reflexionar.

Bueno, pues ya está. Ahora toca avisaros en vuestros blogs, espero que no os pille a desmano y tengáis tiempo de seguir la cadena.

Proletaria

Qué dificil es la espera. Seguramente empiezo a trabajar en Octubre y ya estoy echando de menos estas largas horas dedicadas a pasear por la vida, sin objetivo concreto. Lo bueno es que sería jornada intensiva, tendría que madrugar, pero a las tres saldría para casa y ya tendría la tarde libre.
No quiero darle vueltas a cómo será el trabajo, la gente, la rutina, porque nada de lo que espero al final se cumple, así que mejor no pensar y zambullirme tal cual.

Al menos llego con más experiencia y la misma ilusión que siempre, y después de haber estado demasiado tiempo sin trabajar y de ir haciendo ganas para empezar lo que sea, pero empezar algo, así que igual todo esto ayuda a que me lo tome mejor.

Y es que odio trabajar. Ya sé que puede sonar infantil, pero lo odio, claro que odio más que el cinturón económico me apriete, así que la elección es clara y más ahora, que la subida de la hipoteca es imparable y el carro de la compra resulta cada día más caro.

Preveo una crisis económica del copón y no me apetece que me pille con el paso cambiado y sin posibilidad de reaccionar, así que no me queda otra opción, bueno, compraré lotería a ver si el azar se digna a darme un amplio respiro, que va a ser que no.

Vuelta al cole

Acabo de dejar a mi Reina en el cole, por fin empezamos el nuevo curso.
No sé que tal será este año, los problemas que surgirán, las alegrías, las penas, el trabajo de enseñarla cada día a encontrar su propio camino, a valorar a los demás.

Me asusta que sea tan exigente porque me veo reflejada en ella y no es bueno ser así, pero por otro lado, he intentado cambiar tantas veces sin conseguirlo, que lo que trato de enseñarle es cómo vivir con ello y ser feliz.

Lo quiere todo y lo quiere ya, quiere conocer todo lo que le rodea y tener que adaptarse al ritmo general la desmotiva y no sé como hacer que eso no ocurra. Al menos el profesor que tiene este año es el mismo que el del año pasado y creo que eso es bueno, porque ya conoce sus particularidades, sin embargo, no funcionó todo lo bien que esperaba el año pasado… pero puede que este año sea diferente, no sé.
En fin, así es la vida.

Rosas negras

Va a encontrarse con él en uno de los barrios marginales de la ciudad.

Los bloques de pisos se amontonan sin sentido, dejando apenas espacio entre ellos para que se acumulen los cubos de basura.

Casi es de noche y empieza a sentir miedo de que algo en ella la delate como ajena a este mundo olvidado, pero pasa desapercibida y consigue llegar al portal.

Él vive en el último piso y cuando acaba de subir las escaleras siente que le falta la respiración. Llama a la puerta pero no hay respuesta. Se abre la puerta a su espalda y sale de ella una mujer con la que parece que la vida se ha ensañado con placer. Su pelo está arremolinado alrededor de su cabeza y le tapa prácticamente la cara, pero se puede adivinar el desprecio en su mirada.
Abre su boca de forma que parece que sonríe:
- Tiene que llamar más fuerte, el cabrón estará durmiendo, como siempre.
Vuelve a llamar, con más fuerza y espera.
- Si eso es todo lo fuerte que puede aporrear la puerta, le está haciendo ganar el dinero muy fácilmente, menudo vago. Aunque a ti ya te debería dar vergüenza.

Está completamente desnudo, la invita a pasar y cierra la puerta.
- Deja la pasta sobre la mesa. Me voy a dar una ducha. Qué pronto has llegado, joder.

Entra en la única habitación del piso. En la esquina hay una mesa llena de libros sobre la que deja el dinero. 150 euros. La cama ocupa casi toda la habitación y frente a ella hay dos ventanas, se acerca y mira a través de una de ellas. Sólo un mar de tejados renegridos por la contaminación.
En la calle, las pocas farolas que están en pie prefieren no echar demasiada luz sobre este infierno. Cierra las cortinas.

La puerta del cuarto de baño está abierta y puede verle. No sabe la edad que tiene, pero no llega a los treinta. Es alto, su cuerpo es musculoso y el pelo le cae sobre los hombros. Su belleza es salvaje y sus movimientos arrogantes.
Se seca con una toalla que tira al suelo.

- ¿Aún estás vestida?.
- Tenemos que hablar.
- Claro mujer, pero después.

Regresando

Ya han pasado las vacaciones y creo que las he aprovechado razonablemente bien.
Una vez más me he alejado de todo para adquirir nuevas perspectivas. Aún así, la conclusión no puede dejar de ser la misma, todo sigue siendo relativo, todo cambia y todo permanece.

He descubierto amor donde creí que no existía y también he abierto los ojos a realidades que no quería admitir. Me he dejado llevar hasta donde mi instinto ha querido llevarme y me he sentido cómoda. He aceptado que la realidad es como es y no cómo quiero que sea y lo he hecho sin temor. Creo que he abierto una nueva puerta y desde el umbral, el camino que veo no puede ser más hermoso.

Ah, y me he comprado un móvil chulísimo :)