El otro día se planteó la posibilidad de que tuviéramos que trasladarnos a vivir a otro lugar, fuera de Madrid.Para un madrileño decir fuera de Madrid equivale a decir el resto del planeta, sin que importe muy bien donde sea, porque si no vives en Madrid, en fin, ¿qué demonios importa donde vives?.
Hace tiempo vivir fuera de aqui (de Madrid, obviamente) me ilusionaba, me apetecía, me suponía imaginar una nueva vida con gente nueva, nuevos retos, nuevas experiencias, pero ahora… uf, ahora no, ahora no me apetece dar un solo paso ni siquiera fuera de la valla del Anillo, así que ir aún más allá me resulta del todo imposible.Pienso en las razones que me están llevando a sentirme así y creo que sé cuales son, aunque bueno, no sé como evitarlas sin que eso implique coger mi vida y darle la vuelta como a un guante. Tiene que haber soluciones intermedias, seguro, sólo es que como mi naturaleza tiende a inclinarme hacia soluciones radicales, sencillamente, no las veo.
Desde que era peke recuerdo que nunca pensé en casarme, ni mucho menos en tener hijos, así que se podría pensar que no soy muy coherente con mi romántico plan de vida, pero lo que ocurre es que nunca pensé que conocería a alguien como el Oráculo.
No me hizo falta mucha experiencia con el sexo opuesto para darme cuenta de que la monogamia no era una de mis virtudes, pero cuando tienes miedo a perder a alguien decides que lo mejor es dejar de mirar a otra parte y asegurarte de que la mejor forma de que permanezca a tu lado es simplemente no hacerle daño.
Sin embargo, no sirvo para llevar una vida convencional y resulta sorprendente teniendo en cuenta como vivo, porque creo que es muy dificil encontrar a alguien que lo sea tanto como yo, pero es porque sé cómo mantener las apariencias. Mi madre siempre me repetía que la vida transcurre en un escenario, al que siempre debes salir a actuar. Este terrible consejo que me ha ayudado en muchas ocasiones, es precisamente lo que me impide desacomodarme de esta eterna representación de mi vida y bajarme a vivir la vida real, entre el público.
No es fácil llegar a determinadas conclusiones y a veces no se llega a ellas si no hay un detonante que te haga salir del ensimismamiento. Si ese detonante según llega, desaparece, te quedas pensando para qué saliste del encantamiento.
En fin, “Elemental, querido Watson”, o en realidad, todo lo contrario.