Tienes los ojos verdes, y cuando los mechones de tu pelo rubio te caen sobre la frente, los apartas girando rápido la cabeza. Si aún así persisten, soplas hacia arriba, tratando de retirarlos, y después siempre acabas quitándolos con la mano.
Habíamos ido a una fiesta en casa de un amigo, y entre risas y juegos, acabamos bailando en el jardín, abrazados, con los árboles como únicos testigos.
El sol empezaba a esconderse, las nubes pintaban el cielo de color rosa, seguimos bailando mientras la música se hacía cada vez más lejana, y el frescor del atardecer nos sorprendió besándonos.
Prometimos volver a vernos cuando el verano acabara.
Después llegó el amor, pero no supimos qué hacer con él, jugamos, y acabó por huir de nosotros. Un día nos miramos y no nos encontramos, y aún así, de vez en cuando, sigues acompañándome en mis sueños.
Supongo que aún te quiero.
Archivar paraEnero, 2007
Dulce anhelo
¿Bonjour libertad?
Siempre llega un momento en el que hay que decir basta.
Lo más dificil es decidir si ese momento se nos ofrece como una oportunidad o como una tentación, pero si no nos tienta, ¿por qué ibamos a arriesgarnos?.
Podemos continuar caminando siempre por los mismos caminos, aguantando las mismas lágrimas, sonriendo a las mismas alegrías, o dejar de hacerlo.
Llega entonces el día en que sientes que la persona que eras ya no existe, que no queda rastro de ella, te interrogas tratando de encontrar una pista que te enseñe lo que ocurrió, para continuar por el mismo camino, pero la información se ha perdido para siempre, ya no estás, ni vas a volver.
Así que miras a tu alrededor, hace tanto frio que lo único que quieres es dejarte caer sobre la nieve, y dormir para siempre. Entonces las nubes se abren y el sol comienza a calentarte. Te giras y ves que en la valla hay una puerta. No la habías visto antes.
Tampoco habías visto las pisadas que llegan hasta donde estás.
Feliz año nuevo
Es el primer año que no me tomo las uvas, ni escucho las 12 campanadas. Incluso el año aquel que tuve que escaparme de casa para irme de fiesta, escuché las doce campanadas muy bajito en la tele de la habitación, y a la vista de que mi padre había requisado las uvas, corté doce trozos de un plátano sin que me viera y me los tomé a escondidas.Así que es el primer año que me ha sido realmente imposible hacerlo, pero el motivo ha sido lo suficientemente importante, a mi hermana le dió una reacción alérgica y tuve que llevarla al centro de salud.
Nada grave, afortunadamente, pero pasé de un año a otro conduciendo, que ahora que lo pienso, no es una mala forma de hacer el tránsito.
Si, podía haberla llevado mi cuñado, pero es que no tiene carnet de conducir porque es dáltónico.
Lo de ser dáltonico me recuerda a una fiesta en una noche de reyes, a finales de los 80. Estábamos en una discoteca de Torrelodones que se llamaba La Cage y mientras andaba pegando saltos por la zona de baile, echo una mirada hacia la barra, donde estaba el Oráculo pidiendo unas copas, y veo que se le acerca una tia, se pega a su lado y le toca el culo. Me quedo de piedra. Sigo mirando y veo que se empiezan a partir de risa.
Bien, pienso en varias formas de matar a alguien y no acabar en la cárcel. Decido la mejor de ellas y me acerco a la barra. Como la discoteca está hasta la barrera de gente, tardo en llegar, y cuando lo consigo, la chavala tocaculos ha desaparecido.
Me pongo al lado del Oráculo y le toco el culo, se gira y le sonrío.
Pues sí que tardas, comento, pues si, contesta.
¿Qué tal todo? le digo, pues bien, me contesta.
¿Que tal tu culo?, le sonrío, como sonríe un tiburón blanco, y me devuelve una carcajada.
Resulta que la tía se le acercó, le toco el culo y le dijo, perdona, es que soy dáltónica.
En fin, son dos experiencias muy parecidas en las que lo de ser daltónico es relevante.
Me hubiera gustado brindar con champán por este año que empieza hoy, aunque por otra parte, he acabado el año tal cual ha sido cada uno de sus días.
Así que a la primera persona que no me quiera juzgar… feliz 2007