Archivar paraNoviembre, 2006

La rana azul

Después de mucho insistir he claudicado, que ya iba siendo hora de claudicar en algo, y he migrado a beta blogger.
Dejo en el camino mi nombre, que ya pertenecía al pasado, y comienzo a caminar con una nueva identidad.
Casi consiguen que cambie de plantilla, y tal vez lo haga, pero no por ahora.
Iré mudando la piel poco a poco, tampoco hay que abusar.

Reencuentro

Cada día te despiertas con un nudo en el estómago, pensando si ese día será el último, si mereció la pena, si te arrepientes.
Y al minuto sabes que no tenías opción, que no hay otro camino a seguir que el de la victoria, que estás, siempre, con los vencedores.
Piensas en las personas que han quedado atrás, que no lo entendieron, que no lo soportaron y sientes una inconsolable soledad.
Cuantas veces más deberás pasar por esa prueba y superarla, y cuantas veces más comprobarás que a tu alrededor, nadie más la supera.
Tal vez amanecerá el día en que podrás compartir tus secretos, pero mientras llega, sólo los dioses te acompañan y tus noches arden en llamas.Gracias Bukowski, gracias Marniol

El color del cristal

Cae la lluvia y dibuja el cristal.
Hoy ha hecho frio, el viento helado ha tratado de traspasarme la piel, pero la llama que crece dentro de mi se lo ha impedido.
En ocasiones siento la necesidad de conocer a alguien y encontrar un instante que me llene, que sea eterno, que recuerde y me acompañe en los dias de infinita soledad.
Y ocurre.

Hacia los 40 años y un dia

Hoy cumplo los últimos treinta y…, a partir de mañana iré caminando hacia los cuarenta. Supongo que cada vez iré percibiendo con mayor claridad, si es que eso es posible, el envejecimiento de cada célula de mi cuerpo. No es que me moleste envejecer, lo llevo bien, sencillamente es que no me parece justo.Cuando tienes 20 años la energía que te mueve es inagotable, noches sin dormir, excesos de todo tipo, pareces viajar en una montaña rusa de experiencias y sensaciones, encadenas día tras día y el mundo es un tipo lento que no consigue seguir tus huellas. Vas tan rápido que los demás te parecen amebas atónitas de su propia existencia y buscas con quien compartir el huracán de emociones con que te embriagas, a cada minuto. La gente que te rodea es guay o cutre, la carrera es sólo un trámite que cumplir, lo único que importa es la diversión, el placer instantáneo, el ahora.

Cuando tienes 25 años te vas dando cuenta que el tiempo pasa, y deja huella, y que lo que haces importa, y te afecta. Comienzas a pensar que debes planificar un poco tu vida, seguramente ya tienes pareja, y estás seguro de que la amarás el resto de tu vida. Acabaste la carrera y buscas un trabajo que te llene y que te haga feliz, quieres ser útil a la sociedad. Mientras decides cómo poner en marcha todo ese cúmulo de buenas intenciones, tu prioridad sigue siendo divertirte con los amigos, conocer gente que te llene y hacer cualquier cosa que no hayas hecho cuando eras demasiado joven para hacerla, en definitiva, te sientes completamente adulto y actúas como tal.

Cuando tienes 30 años sabes que los excesos se pagan cada vez más caros, cualquier exceso. Te das cuenta que debes abrirte camino tú solo. Sabes que puedes contar con los demás, pero ya has comprendido que a los demás les cuesta tanto como a ti. Miras a tu alrededor y tratas de situarte y encontrar tu lugar, ya compartes tu vida sólo con quien quieres y esperas encontrar la forma de construir una familia, como cualquier persona. Has descubierto que el trabajo es sólo trabajo, y se llama así porque es lo que haces sin querer hacerlo. Tus amigos también van acusando el esfuerzo de salir adelante y cada vez las noches de fiesta son menos. Algunos ya han tenido un bebé y cuando vas a visitarlos piensas cómo seras tú cuando tengas un hijo. En ocasiones piensas que nada es como creías que sería, que hay todo un mundo detrás del que nadie te había hablado.

Cuando tienes 35 años tu prioridad es tu familia. Una vez que asumiste que tu cuerpo ya no te acompañaría en noches de aventuras, aceptas con dignidad que los yogurines te llamen señor o señora. Su juventud hace que se manifieste con claridad la que tú ya no poseees y aunque aún crees que puedes quemar algún cartucho, sabes que debes dejar que otros ocupen el lugar que una vez ocupaste tú. El trabajo es un asco, pero el dinero es importante para sobrevivir, y más cuando de ti depende una familia. Decidiste comprar una casa porque quieres que tu esfuerzo lo disfruten un día tus hijos, que son lo más importante para ti. Sigues adelante, sin mucho convencimiento de que lo que haces está bien, pero ya estás seguro de que eso es lo que le pasa a todo el mundo.

Cuando tienes 39 piensas que definitivamente sigues siendo la misma persona que una vez cumplió 20 años, que todo es blanco o negro, que la gente es guay o cutre, que quieres divertirte, tener un trabajo que te llene, no necesitar el dinero para vivir, estar con quien amas y que ardan en el infierno la marabunta de gilipollas a los que odias, quieres disfrutar, sentir placer, quemar kilómetros como si nada importara, ser absolutamente feliz, y sabes que ahora que por fin descubriste como no quieres que sea tu vida, será exactamente como no quieres que sea.

Ese tipo lento que era antes el mundo ahora está a tu lado, sigues su ritmo y puedes ver sus secretos, comprendes lo que espera de ti, y como siempre, sabes que de una forma u otra lo obtendrá.
Pero mientras tanto… continúas caminando.

El lugar en la balanza

La vida me ha enseñado a distinguir entre las personas que me aportan algo y las que no, y a dedicar mi tiempo sólo a las que caen en el primer grupo, y digo caer, porque no sé muy bien en qué consiste estar en un lado o en otro.
Puede ser un momento concreto en una conversación, una mirada llena de contenido, unas líneas que me conmuevan, una actitud, una condición, una reacción a una situación.
Generalmente todas las personas que voy conociendo no han caído aún de uno u otro lado, se mantienen balanceándose a la espera de una señal que me diga cómo es su alma.
Una vez que la señal llega, el recuerdo es imborrable e inalterable, y nunca nadie ha cambiado de lugar.

Me faltan palabras

A medida que recupero (volver a un estado de normalidad después de haber pasado por una situación difícil) mi libertad (estado o condición de quien no es esclavo), voy valorando (apreciar el valor o mérito de algo) la realidad (lo que ocurre verdaderamente, en contraposición con lo fantástico e ilusorio) que me rodea (cercar algo cogiéndolo en medio).
El amor (sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser) que sentía (experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas) y padecía (sentir física y corporalmente un daño, dolor, enfermedad, pena o castigo, soportar agravios, injurias y pesares, sufrir algo nocivo o desventajoso) se transformó (hacer cambiar de forma a algo) para encontrarse (dicho de dos cosas: hallarse y concurrir juntas a un mismo lugar) a sí (sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear) mismo (exactamente igual).Mi sagrada (que es objeto de culto por su relación con fuerzas sobrenaturales de carácter apartado o desconocido) libertad (facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos), tantas veces te he manipulado (intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares) por el egoísmo (excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés) de mi necesidad (aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir), cuantas veces más tendré que equivocarme (tomar algo por otra cosa, juzgando u obrando desacertadamente) y rogarte (instar con súplicas) que vuelvas (constituir nuevamente a algo en el estado que antes tenía).

Neuronas melódicas

A mi querido amigo Vicente le han hecho una entrevista. Recomiendo leerla, de principio a fin, con tranquilidad, dejándose empapar de la nitidez con que desgrana problemas de absoluta oscuridad para otros.Una de las cualidades que admiro de él, como de cualquier persona que la tenga, es que hace uso de su inteligencia en beneficio de los demás.
Antes de conocer la asociación Mensa, lo que admiraba en una persona era su inteligencia, sin más, digamos que lo que me importaba era la cantidad. Ahora que he tenido la oportunidad de empacharme, lo que valoro es la calidad, que como en todo, es muy escasa.

Hace ya tiempo tuvimos una agria discusión dentro de la asociación entre los que queríamos trabajar para los demás y para la sociedad, y los que querían trabajar sólo para sí mismos y sus semejantes.
Como siempre, triunfó el egoismo, que lógicamente, parece la opción más inteligente, aunque en realidad no lo sea, lo que me llevó a poder distinguir entre las personas que tienen la capacidad de ser inteligentes, y las personas que realmente lo son.

Gracias Vicente por ser como eres, y por ofrecerlo a los demás.

La quinta misión

(20/12/1941) La noche anterior ha nevado, y el suelo ha aparecido completamente cubierto de nieve.

Sin ninguna duda esto dificulta enormemente nuestro trabajo, deberíamos cuidar por donde caminamos, porque nuestras huellas resultan visibles.
Estamos en una caseta al norte del campamento enemigo, estudiando la forma de cumplir nuestra misión, que consiste en hacer volar en pedazos la antena del radar.
Los nazis la han montado sobre una montaña, a la que sólo podemos acceder por un teleférico, o escalando la ladera sur, más allá de un campo de minas.
Tal vez mi compañero, el espía, pueda robar un uniforme y hacerse pasar por uno de ellos, de esta forma, mi trabajo sería mucho más fácil.

(21/12/1941) Ya han caído más de diez, pero aún quedan muchos en pie y no sé como llegaré al sur de la montaña.
Las patrullas se han incrementado desde que encontraron a uno de ellos que no me dió tiempo a esconder. Mi compañero los neutraliza distrayéndolos mientras consigo escabullirme a sus espaldas, pero aún así, son demasiados. No consigo encontrar la ruta de acceso a la ladera, es muy peligroso y no puedo arriesgarme. Mi oficial ya me dejó claro que no podía contar con más hombres, que debemos hacerlo solos, y no puedo fallar a mi compañero.(22/12/1941) He conseguido llegar arriba. Subí por la ladera y después de cargarme al vigía, corrí hasta la estación del teleférico. El encargado de vigilarla ya había recibido la visita de mi compañero y descansaba plácidamente.
Desde esta posición veo la antena, demasiado lejos para llegar sin que me vean. Mi compañero está hablando con la patrulla de vigilancia, lo que me dará más tiempo, pero no sé si será suficiente para trasladar los bidones de combustible hasta la base del radar, sin dejar huella.
Una vez que consiga volarla, cogeremos el autogiro que está al lado.
Deberemos darnos prisa, porque estaremos completamente a la vista y podrán hacer diana fácilmente. Me hubiera gustado cargármelos a todos y no tener que salir corriendo, pero no va a ser posible, son demasiados.

(23/12/1941) Ya estamos de vuelta en nuestro campamento. Mi oficial nos ha felicitado, seguramente nos hemos ganado un par de medallas.
La explosión se oyó por todo el valle y ha dejado incomunicado al ejército nazi de la zona por una temporada. Los que quedaron dicen que fuimos demasiado numerosos y no pudieron defender su posición. Parece que la historia la escriben los inútiles.

Mañana es nochebuena y celebraremos que seguimos vivos todos los del comando, el francotirador, el conductor, el zapador, el marine y el espía, y aunque sabemos que cuando esta guerra acabe cada uno volverá con su familia, hasta que eso ocurra, nosotros somos nuestra única familia.

Un mes

Pues nada, ya llevo un mes en el nuevo trabajo y es tan bueno como esperaba.

No tiene nada que ver trabajar de aquello para lo que te has preparado, a no hacerlo, y dedicarte a quemar días haciendo otra cosa. Creo que ha sido frustrante, y no me he dado cuenta hasta ahora que lo estoy viendo desde fuera.
Las expectativas que tengo son tan buenas que me parece que estoy en un sueño, la gente con la que trato, los asuntos que estoy llevando, y lo que me queda… tengo la sensación de que debía de haber hecho esto hace años, pero realmente no me arrepiento de no haber pensado en mi.
Tengo la tranquilidad necesaria para dedicarme ahora a lo que quiero, al cien por cien, y seguramente eso no sería posible si antes no hubiera encauzado las cosas hasta este punto.
Cada peldaño me ha llevado hasta donde estoy, y no pienso mirar hacia abajo sino es para darme cuenta de que quien no esta aqui, conmigo, es sencillamente porque no ha querido, y por lo tanto, no merecía la pena.
Y como siempre, el Oráculo me lleva de la mano.