Me acabo de dar cuenta que para dar de comer a m, mi tigrecito, sólo hay que coger el filete y hacer click cerca de la cara. Se lo come todo, y después le puedes dar más y más…
La de tiempo que lo he tenido ahí sin saber para qué demonios era el filete.
Debería sacar alguna reflexión existencial de esto.Pero hoy no, estoy demasiado cansada, y en definitiva, la reflexión última de la vida, la verdad absoluta, el yin y el yan, es el pensamiento que emerge justo después de echar un polvo de órdago, así que en realidad cualquiera puede conocerlo, ¿ o no?.
Archivar paraMayo, 2006
Sorpréndeme!
Toledo
La primera vez que vi al Oráculo fue en la comunión de mi primo. Por aquel entonces yo tendría unos siete años y él unos once.
Después de la ceremonia en la iglesia acabamos todos los pequeños, que eramos catorce, metidos en el coche oficial que nos llevaría donde se celebraba el banquete. Resultó bastante complicado conseguir que entráramos todos, y a mi me tocó el hueco que queda para meter las piernas en el asiento del copiloto.Durante el trayecto, que fue bastante largo, empezamos a contar chistes, a cantar canciones, y en fin, a montar follón. El chofer debía tener más paciencia que un santo porque recuerdo que ni se inmutaba, ni siquiera cuando empezaron a volar los calcetines por encima de su cabeza. A mi me cayó uno y me dió tanto asco que me negué a devolverlo.
Cuando llegamos, fuimos saliendo como pudimos del coche, y entonces vi al Oráculo, sin uno de sus calcetines, sonriéndome con cara de pillo.
El Hotel Universo
Cuando tenía unos cuatro años vivíamos en el hotel que tenía mi abuela en la Puerta del Sol, en el número 14.
Las escaleras del edificio eran de madera y crujían de una forma inconfundible. La caja del ascensor era de rejas de hierro y si no se sujetaba, al cerrar, daba un portazo que hacía temblar toda la estructura. Los botones para llamar al ascensor eran redondos y puntiagudos y a veces me alzaban para que los pulsara.El portero era un viejo amable y tranquilo, que nos daba chucherías cuando bajabamos a fastidiarle a la portería. Tenía una afición curiosa, empapelaba las cosas con recortes, los escogía de colores llamativos, dorados, plateados, que encontraba en los calendarios, en las cajas de puros o en las revistas. En la mesa de la entrada de la portería había montones de recortes y no nos dejaba coger ninguno. Después nos regalaba algunas de las cosas que hacía. Recuerdo especialmente un botijo completamente empapelado con figuras de toros, toreros y folclóricas.
La puerta de entrada del hotel era enorme, de color oscuro, y tenía una mirilla redonda y dorada, del tamaño de un cd, con una tapa de rejilla. Al entrar, a la derecha, estaba el mostrador de recepción, delante del mueble donde se colgaban las llaves de las habitaciones, y al fondo, una ventana que daba al patio interior del hotel.
El suelo era de baldosas frias, con algunas desencajadas que sonaban cuando se pisaba sobre ellas. Se podía saber donde había alguien por el sonido característico de cada una. Recuerdo con terror como cuando iba sola escuchaba que alguien se acercaba, aunque no hubiera nadie. Aún hoy algunas de mis peores pesadillas transcurren en ese escenario, con ese sonido.
Mi abuela había improvisado nuestra habitación, en la que dormía con mis tres hermanos, en uno de los salones que antes de la guerra había sido parte del comedor. Era una habitación gigantesca, colgaban de las paredes unos espejos enormes, y enfrente de la ventana, que también daba al patio, había un perchero de madera que parecía cobrar vida cuando lo miraba desde mi cama, al contraluz.
Heredé un triciclo, seguramente de mi hermano el mayor, y pedaleaba con él a toda velocidad por el pasillo principal cuando todos se habían ido al colegio. Recuerdo ver mi imagen refejada en el espejo de la pared del fondo, con la luz del sol iluminandome al pasar por delante de las puertas abiertas de algunas de las habitaciones.
En el pasillo también estaba el único teléfono que había, de color negro, atornillado arriba en la pared, y una de mis travesuras preferidas era saltar hasta conseguir descolgarlo.
Estaba al lado de la puerta de la sala de estar, que tenía una terraza desde donde se veía el edifico de enfrente, en su azotea había un anuncio de letras enormes y brillantes.A veces, por la noche, me escabullía y salía a esa terraza, y entre los barrotes ennegrecidos de la barandilla miraba a la gente que iba de un lado para otro, a los coches, a las luces, a los escaparates. Enseguida mi madre me llamaba, no le gustaba que saliera allí y como no la hacía caso, venía y me metía dentro de la habitación.
Cerraba las ventanas y los visillos caían sobre los cristales.
El Reino de Mordor
“- No puedo hacer esto, Sam.
- Lo sé, ha sido un error, no deberíamos ni haber llegado hasta aqui. Pero henos aqui. Igual que en las grandes historias Señor Frodo, las que realmente importan, llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final porque ¿como van a acabar bien?. ¿Como volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido?.Pero al final todo es pasajero, como esta sombra, incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llenan el corazón porque tienen mucho sentido, aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas.
Pero creo Señor Frodo que ya lo entiendo, ahora lo entiendo, los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran, pero no lo hacen, siguen adelante, porque todos luchan por algo.
- ¿Por qué luchas tú ahora Sam?
- Para que el bien reine en este mundo Señor Frodo, se puede luchar por eso.”
Hace un eon le pregunté al Oráculo qué personaje sería de El Señor de los Anillos.
Creí que diría que Aragorn, o Gandalf, Elron, no sé, pero me dijo que de ser uno, que ya era mucho pedir, sería el Anillo. Toma ya. Me quedé de piedra, es una de las cosas que amo de él, que es sencillamente genial, sin que de ninguna manera sea sencillo serlo, es más, es imposible aprender esa genialidad, se tiene o no se tiene.
Afortunadamente soy como un imán para las personas así, porque para mi es como el aire, adoro la sensación que me produce una respuesta que no espero, que me sorprenda, que me haga imaginar.
Nunca he sabido realmente con cual de los personajes me identifico, en plan cursi creo que Galadriel, en plan épico me va al pelo Aragorn, salvo porque tengo ovarios, en plan drama existencial me quedo con Frodo, en plan mensista, obviamente, soy Sauron, y en plan realista, en fin, no nos engañemos, en plan realista todos, todos, somos Gollum.
Pero el anillo es mío, solo mío, es mi tesoro…
Máquina analítica
Si ahora se parara el tiempo sería un momento ideal.
Estoy encantada con mi trabajo, mi jefe me adora, me escucha, me hace tanto caso en lo que le digo que hasta me dá reparo abrir la boca, no para de decirme que está encantado conmigo, que ha sido una suerte encontrarme, joer, es una pasada.
Cuando entré había un montón de cosas pendientes que hacer, la oficina estaba patas arriba, parecía que la organización y la lógica eran alérgicas a esas cuatro paredes, y claro, para mi fue como darme un maravilloso puzzle, no hace ni dos meses que he empezado y ya todo funciona como un reloj.
La frase que más repite es “Si a ti te parece bien, a mi también”.
Hoy por ejemplo, ni ha aparecido por la oficina, me llama y me pregunta qué tal va todo y ya está, es una auténtica gozada, el otro día aceptó unos cambios que le propuse y me pide opinión para cualquier cosa que surge, no sé, es un encanto de persona.
El Oráculo dice que no sabe de qué me extraño, que si es un tio inteligente sabrá lo que le conviene y no me dejará escapar, que le ha tocado la lotería, y bueno, me gusta que el Oráculo me diga eso.
Creo que he pasado demasiado tiempo enclaustrada en el rol de ama de casa y ahora que voy desperezándome me doy cuenta de que tengo la maquinaria a punto, y me gusta, y además cobro una pasta que no podía ni imaginar que cobraría.
Gracias Gaiar por repetirme una y otra vez que lo que tenía que hacer era ponerme a currar.
Tuviste mucho que ver en que me lo propusiera en serio, así que mi felicidad de hoy, de estos dias en que estoy creciendo, y de los que vendrán, que lo harán ya inevitablemente sobre esta experiencia, es gracias a tu dedicación.
Sé que a veces te preguntas por qué tienes esa necesidad de darte a las personas. Hoy he sabido por qué, no sé si mi agradecimiento será suficiente compensación para los momentos malos, pero te aseguro que es inmenso.
M de Morfeo
Es como un sueño que no consigues recordar, pero que sabes que significaba algo importante. Le das vueltas, tratando de retener alguna imagen desde la que puedas hilar el resto, sin conseguirlo. Sabes que el sueño aún está ahí, pero se está desvaneciendo, tienes el boceto, pero no consigues acabar de dibujarlo, no consigues que emerja, se hunde y desaparece.
Sin embargo, puede llegar el día en que despiertes y recuerdes el sueño, en que las claves aparezcan de forma clara y real, serás consciente de que ser feliz puede durar más de un segundo, puede incluso durar para siempre, y además sabrás que sólo depende de ti.
La felicidad es un estado permanente.
Ese día
Ese día te abrazaré y te miraré a los ojos, sonriendo, y parecerá que no ha pasado ni un segundo desde la última vez que nos vimos.
Ese día pasearemos calle arriba, hacia la plaza, nos sentaremos en un banco, al sol del atardecer, y hablaremos de lo extraña que es esta existencia que nos ha tocado vivir, del sentido del humor con que la toreamos, de lo mucho que nos queremos y de cómo, a pesar de todo, seguimos sabiendo que lo más importante de vivir es saber disfrutar con los pequeños detalles.Me contarás que todo sigue bien, y sabré qué es lo que quieres decir.
Te diré que todo sigue bien, y sabrás qué es lo que quiero decir.
Nos reiremos y disfrutaremos de ese momento, que quedará sólo para nosotros.
No sé por qué lloro
No sé por qué lloro.
No sé si es por las oportunidades perdidas, o porque fueron oportunidades.
Porque no te dije que te quería, o porque te quería.Después de estar cuatro días en cama he tenido tiempo para imaginar cómo debe ser tener que soportar que pasen los días y los años así, necesitando la ayuda de otros para poder vivir.
Pero no he querido hacerlo, cada vez que he necesitado ayuda para levantarme, para vestirme, para comer, cada vez que me he sentido una inválida, he pensado en ti y cada vez, he peleado por no pensar en ti.
Me he dado cuenta de que está demasiado reciente, de que aún tengo una herida abierta por la que sangro a borbotones que se transforman en un mar de lágrimas, de tristeza, de dolor, de ausencia y vacío, de soledad.
Te echo de menos, aunque nunca estuviste conmigo, necesito abrazarte, aunque nunca me abrazaste, necesito decirte que te quiero, y que siempre te querré, aunque nunca lo haya oido de tus labios. Necesito dejar de sufrir.
No sé por qué lloro ahora que todo ha acabado.

