Archivar paraAbril, 2006

Cada palabra cuenta

Ya sé que parecerá increible que lo diga, pero esto de trabajar es un asco, en fin ¿es que a nadie se le ha ocurrido antes que no se puede estar fuera de casa un número tan bestia de horas y llevar una vida normal?.

No sé si estando soltera y no teniendo otra preocupación en la vida más que trabajar la cosa no sería tan exagerada, pero teniendo una familia y una casa que mantener sin demasiada mugre es casi imposible.

Comprendo que haya a quien no le guste volver a casa y dilapide su vida en su trabajo, pero ¿qué pasa con los que nos gusta estar en casa? ¿qué pasa con los que nos gusta quemar horas en el sofá viendo pelis? ¿o encadenando partidas de scrabble? ¿o entregándonos a algún que otro placer mucho más terrenal?.

Tengo el consuelo de que cuando acabo mi jornada se acaban mis preocupaciones, me figuro que eso no le ocurre a mi jefe, que se las tiene que ingeniar para mantener el negocio a flote, pero aún así…Ahora más en serio, de verdad que este mundo está mal concebido, es tan dificil ser feliz que los que lo conseguimos debemos ser cuatro gatos. Tal vez es que ser feliz no es un objetivo para la mayoría de la gente, porque si no, no me explico cómo es posible que esto esté así montado.

House M.D.

El Oráculo dice que soy igualita que el Doctor House y no precisamente por el color de mis ojos. No sé como tomármelo.Por lo visto soy borde, prepotente, cerebral, sarcástica, fria, distante, tozuda, solitaria, incomprendida… menos mal que los capítulos siempre acaban bien y House es el Rey del mambo, porque si no, tendría que tomarmelo muy mal.

En el especial de House en Cuatro hablaron de las similitudes entre su personaje y el de Sherlock Holmes. Realmente curioso.
Lo que no acabo de entender es lo de que sea raro no establecer lazos emocionales cuando se debe mantener la cabeza fria ¿es que la gente no lo hace? ¿y como pueden vivir? ¿aciertan alguna vez? pues será de milagro.

“No tocarte, y pasar todo el día junto a ti, no tocarte, yo no sé lo que esperas de mi. Ve despacio, el bosque se llena de humo, no voy a tocarte, es mejor así.”

El valor se te hace escarcha

Un día M. me dijo que tuviera cuidado con lo que soñaba, porque se podía hacer realidad. Me quedé mirándole, tratando de calcular a qué demonios se refería.
Una de las características de la personalidad de M., además de que es obvio que es extraordinariamente inteligente, lo que no es nada habitual, ni siquiera en Mensa, es que nunca puedes estar segura de si con su mirada te está invitando a que vayas con él al fin del mundo, o te está condenando al fuego eterno del infierno. Supongo que el brillo verde de sus ojos tendrá algo que ver.

Dice las cosas con una calma absoluta, sin importarle cuanto daño pueda hacer, a veces incluso sin dejar de sonreir. Se podría decir que es un auténtico capullo, y quien lo dijera casi acertaría, porque es cierto que lo es, pero sólo porque le dá la gana.

Adoro su irónico sentido del humor, por muy hiriente que sea, la lealtad que demuestra hacia sus amigos, aunque no lo merezcan, el hecho de que se crea mejor que los demás, y lo diga, y tenga razón, su falta absoluta de paciencia con la estupidez ajena y su ingenuidad acerca de que esté seguro de que se puede hacer algo al respecto, y sobre todo, lo que más adoro, es el tamaño de su ego, que es casi, casi, tan grande como el mio.

Aunque siendo sincera, con la mano en el corazón, lo que más adoro de él es precisamente que no le importo nada. Y es que eso es algo que no me ha pasado nunca con nadie, y sencillamente, no puedo soportarlo.

Pero ya se me pasará. Creo que será pronto, tal vez en una de las próximas reencarnaciones, la tercera o la cuarta.

“El peligro es perder a quien se ama,
con la furia que desata el huracán,
comprobar que en casa ya no queda nadie,
y que no hay nadie a quien puedas esperar”

Mi vida como un tapón

Fue muy corta, a los doce años ya medía un metro y setenta y tres centímetros.
Tenía que mirar a los compis del cole desde arriba, ningún chaval era más alto que yo, aún tendría que esperar un año o dos para que me pasaran ampliamente una minoría de ellos, pero de chicas, ni una, todas se quedaron por debajo.
La vida cambia, la perspectiva cambia, las relaciones cambian, ves como todo el mundo trata de adaptarse y encontrar un lugar cómodo a tu lado, o de salir corriendo, donde nadie haga odiosas comparaciones.
Así es la vida, y en fin, prefiero ser alta que ser un tapón, además de que como no puedo elegir, pues para qué le voy a dar vueltas.

No puedo evitar que los demás construyan una imagen de mi que no tenga nada que ver con la realidad, precisamente porque la construyen para satisfacer sus egos, sus deseos, sus expectativas, sus sueños, sus pesadillas, no para conseguir mirarme a los ojos.Además de que, lo reconozco, en realidad ya no estoy para nadie.

“Sea lo que quiera Dios que sea,
mi delito es la torpeza de ignorar que hay quien no tiene corazón”

Quiero sentir el universo sobre mi

Si es que cuando uno menos se lo espera, va, y salta la liebre.

Pues nada, que me ha salido un curro, y me paso el dia currando, obviamente, o no, pero vamos, en mi caso sí, así que no tengo tiempo para nada y desgraciadamente tampoco para este blog, dedicado a alguien que ya no está, de un mundo que ya no existe, de un tiempo que no volverá.Sin embargo… cómo me gusta escribir en él, es una pena que no pueda dedicarle si quiera unos minutos, pero es que lo siento como algo más complejo, para mi es importante, no sé por qué y no quiero hacer que sea un mero trámite.

En fin, a ver si ahora me organizo y sigo dandole vueltas a lo imposible, que lo infinito ya ha perdido su encanto, y vuelvo más a menudo a dejar volar mi imaginación.

“Necesito a alguien que comprenda que estoy sola en medio de un montón de gente”